Recuerdo un capítulo de mi idolatrada serie Padre de Familia (o Family Guy para los puristas) en el que Peter Griffin se lanza a hacer una adaptación teatral de “El rey y yo”. La mano de Peter degenera la obra hasta tal punto que termina siendo una caricatura del original en el que se mete todo el ingrediente necesario para hacerlo una chapuza con elementos de nuestros tiempos (hostias y tías de cabaret). A eso me recuerda la que algunos creen que es una de las mejores películas del año: Holmes.Ya sólo por utilizar el nombre del personaje de Conan Doyle, Ritchie debería pedir perdón a los espectadores que pagan por ir a ver esta película sin conocer al director. Holmes no se parece al personaje del escritor británico ni siquiera en las deducciones. Si a este extravagante (o molón) director se le añade de compañía al productor de Matrix, Joel Silver, el resultado puede ser el de estar viendo tanto una película de Indiana Jones, James Bond, de John Mc Claine (Jungla de Cristal) o si exageramos, de Steven Seagal o Jackie Chan.
No admito el hecho de que Holmes haya sido boxeador de formación para que sean capaces de pegarse contra cuatro tíos (uno muy grande) él y Watson durante la película. El francés grandote recuerda a los malos malosos de Indiana Jones que sólo al final es posible dejar fuera de combate. No decir nada de la habilidad que tiene Watson para soltar patadas voladoras...