18/1/11

Primeros ‘latidos’ con #quora

Me he animado a probar otra red social que me ha despertado curiosidad. Se llama quora y es uno de los temas del momento en Twitter, porque supongo que hay muchos como yo que van contando sus experiencias en la nueva plataforma.
Registrarme no ha sido difícil, no piden nada diferente a otros sitios web. Es posible conectar la cuenta con Facebook o Twitter, por lo que la actividad de la red también puede seguirse sin haber iniciado sesión. Una vez realizados los pasos protocolarios me he puesto manos a la obra.
¿Qué se hace aquí? Debatir sobre temas que son de interés del usuario, al igual que en otras redes sigues personas, aquí además seguirás debates. Quizá por esto Esther Vargas recomienda quora como una nueva herramienta que puede abrir nuevas vías a periodistas, el tiempo lo dirá.  A mí me parece que es muy parecida a Formspring pero me gusta más el diseño y pone medidas contra el anonimato, que ha sido un problema para los que se han visto acosados.
Aún está en inglés y es difícil encontrar conversaciones en otro idioma, aunque hay rumores de que podría salir una versión en catalán. El principal problema que he visto es que tarda bastante en ejecutar acciones y muchas veces hay que hacer esperas muy largas para acceder a un contenido o escribir un post. Además, otro inconveniente grande que he encontrado es que aunque se puede tener una sesión en la versión móvil,  no he localizado en Market una app versión Android.
Me parece curioso que le haya salido al universo de las rrss una compañera de género femenino, acostumbrado a el Twitter, el Facebook, el Tuenti, ¿el? Foursquare… Por lo que he leído en varios medios, este proyecto tiene origen en 2009 y es desde junio de 2010 cuando los usuarios han podido probarla. Me he quedado impresionado de la gente que sigo o me sigue en TW y que están allí bastante asentados.
Veremos que tal siguen las pruebas. Si quieres intentarlo, regístrate en quora.com

18/1/10

Holmes: Fieles a su estilo (crítica de un purista)

Aún intento digerir el último plato de la nueva cocina que representa el director de cine Guy Ritchie, director de películas como Scracht. Una película en la que se produce una paradoja, los protagonistas (Holmes: Robert Downey (paso de poner lo del jr porque no suelo usar esa palabra), Watson: Jude Law) están exentos de cualquier grasa por sus cuerpos perfectos pero el film rezuma colesterol desde la primera escena a la última.

Recuerdo un capítulo de mi idolatrada serie Padre de Familia (o Family Guy para los puristas) en el que Peter Griffin se lanza a hacer una adaptación teatral de “El rey y yo”. La mano de Peter degenera la obra hasta tal punto que termina siendo una caricatura del original en el que se mete todo el ingrediente necesario para hacerlo una chapuza con elementos de nuestros tiempos (hostias y tías de cabaret). A eso me recuerda la que algunos creen que es una de las mejores películas del año: Holmes.

Ya sólo por utilizar el nombre del personaje de Conan Doyle, Ritchie debería pedir perdón a los espectadores que pagan por ir a ver esta película sin conocer al director. Holmes no se parece al personaje del escritor británico ni siquiera en las deducciones. Si a este extravagante (o molón) director se le añade de compañía al productor de Matrix, Joel Silver, el resultado puede ser el de estar viendo tanto una película de Indiana Jones, James Bond, de John Mc Claine (Jungla de Cristal) o si exageramos, de Steven Seagal o Jackie Chan.

No admito el hecho de que Holmes haya sido boxeador de formación para que sean capaces de pegarse contra cuatro tíos (uno muy grande) él y Watson durante la película. El francés grandote recuerda a los malos malosos de Indiana Jones que sólo al final es posible dejar fuera de combate. No decir nada de la habilidad que tiene Watson para soltar patadas voladoras...

10/1/10

Good morning, Spain (I)

Animales consumistas, calcados al sistema norteamericano en el que el dinero es lo más importante y lo que satisface nuestras inquietudes y nuestros vacíos en general. Y más ahora, después de las navidades, el consumo es un placebo que en la medida de cada uno, calma la sed.

Por eso podríamos ser calcados a la sociedad estadounidense y por eso lo que funciona allí funcionaría aquí. Se da admás el caso de que en la red Facebook se ha desatado la necesidad de consumir pequeños juegos que en teoría presentan herramientas creativas pero que en la práctica sólo es un ejercicio de acumulación. Trabajas, o haces algo con lo que se te compensa con monedas, que gastas en comprar accesorios para tu, pez, mascota o restaurante.

Me refiero a Pet Society, Restaurant City, Farm Ville o Farm Town. Cada vez hay más temáticas a elegir, desde el acuario en el que crías peces virtuales hasta el salón donde jugar a los bolos. Simples pero casi siempre bien acabados, permiten el juego interrelacionado a un nivel menor del que ofrecen los monstruos que enchufamos a la televisión pero mucho más social. Los amigos que tenemos en Facebook son algunos de los contrincantes y a la vez compañeros. Un nuevo fenómeno que cada vez engancha a más gente.

Somos una sociedad casi "americanizada" (respecto a EE.UU.) en muchos aspectos, pero no exacta. Hay rasgos en el modo de consumir que nos hacen diferentes de los anglosajones, puesto que no todo tiene éxito del mismo modo. Por ejemplo, ¿Por qué un programa como Saturday Night Live no triunfó en la audiencia de tele en España y es casi un acto religioso en U.S.A? ¿Cuestión de gustos? ¿Es uno de los rasgos que nos diferencian como europeos?

El caso es que no es difícil, una vez que se ha acertado con una fórmula en una región, exportarla a otra y de ahí a otro país. Pero siempre con tinte "made in usa". Gracias a la sociedad global, cada mañana es un "good morning" en cualquier parte del planeta.